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2010/10/20

La estructura cambiante de la educación

eWeek

El dónde se produce el aprendizaje está unido de forma permantente al qué, el cuándo, el por qué y el cómo aprenden los estudiantes. La generación actual de edificios educativos refleja con toda claridad este fenómeno. En ellos, los estudiantes aprenden habilidades y temas esenciales cada día y cada año lectivos, mientras los profesores actúan como dispensadores de conocimientos en edificios casi idénticos, similares a fábricas, que son el centro de todas las actividades pedagógicas. En este momento de nuestra historia, esta expresión del enfoque del dónde-qué-cuándo-por qué-cómo funciona bien para algunos, no del todo bien para otros y nada bien para demasiados.
Las dos últimas décadas han presenciado numerosos intentos de cambiar esta circunstancia, muchos de ellos fracasados. No hay que desesperar. La historia nos demuestra que un cambio en un eslabón de la cadena educativa del dónde-qué-cuándo-por qué-cómo puede llevar a un cambio en todos los demás. Es lo que sucedió al comienzo de los 50, cuando dos transformaciones alteraron la realidad pedagógica durante generaciones. El primero de ellos fue la duración del día y el año lectivos y el segundo fue el consenso sobre la necesidad de que los alumnos estudiaran los mismos programas de maneras predecibles y controlables, lo que llevó a la construcción de la actual generación de escuelas. Con el tiempo, estos consensos —el cuándo y el qué debían estudiar los alumnos— cambiaron el dónde se producía el aprendizaje y, posteriormente el por qué (universidad y trabajo), el cómo (profesores delante del aula) y, en última instancia, el quién (algunos estudiantes) de la educación contemporánea.
Hoy estamos viviendo una cadena de acontecimientos similares, pero de sentido distinto, en el mundo de la educación. Esta vez, es el factor del quién el que impulsa el cambio en el qué, el cuándo, el por qué y el cómo estudian los alumnos. Pocas personas podrían negar que los estudiantes de hoy en día son distintos a los de generaciones anteriores. Solo conocen un mundo dominado por la tecnología. La tecnología es una parte integral de su identidad y de lo que hacen fuera de la escuela. Hasta hace poco, la tecnología no formaba parte del qué hacían en la escuela. Con demasiada frecuencia, los alumnos con más conocimientos tecnológicos —equipados con ordenadores portátiles, teléfonos móviles, reproductores de MP3 y otros dispositivos informáticos— tenían que desconectarse de Internet, apagar sus equipos y desconectarse al entrar en la escuela.
Gracias a la naturaleza cambiante de los estudiantes, los educadores (profesores, maestros, directores de las escuelas) comienzan a ver cada vez más la tecnología como una valiosa herramienta educativa. Junto con esta aceptación creciente de la tecnología, el qué, el cuándo, el por qué y el cómo de la educación también están cambiando. Lo cambios son evidentes en el interés cada vez mayor que sienten los educadores por la tecnología. Por ejemplo, la última conferencia británica sobre Tecnología y Educación fue la más importante de todos los tiempos. Más de 30.000 profesionales de la educación pasaron a visitar sus 750 expositores. El cambio es visible en la manera en que los profesores están integrando la tecnología en sus aulas. Esto se evidencia en el creciente número de alumnos que se benefician de tecnologías específicas, diseñadas para responder a preferencias pedagógicas, personalizar las lecciones y evaluar los rendimientos. Un ejemplo de este tipo de tecnología es el Aula Conectada que ofrece Dell. Consiste en una serie de dispositivos, como proyectores y pizarras interactivos, y sistema de respuesta de los alumnos. Una parte fundamental del servicio la constituye el portátil Dell Latitude 2110 que, diseñado con el asesoramiento de educadores, cuenta con características específicas para alumnos, incluido un revestimiento de goma dura y un teclado anti-microbios.
Desde el punto de vista de los costes, una infraestructura escolar conectada que abrace estándares informáticos abiertos puede, a largo plazo, ahorrar ingentes cantidades de dinero: el 80% de los presupuestos de informática en las escuelas se dedica a resolver problemas monótonos, como incompatibilidades y virus. Una infraestructura planificada y conectada ayuda a reducir esta factura y permite a las escuelas abordar las compras importantes que los alumnos les pedirán en el futuro. La trayectoria de cambio que está inspirando la generación conectada pasa por dispositivos individuales que conectan a estudiantes y profesores a las aulas y escuelas interconectadas, en las que se unen todos los aspectos del aprendizaje y la pedagogía. Metafórica, pero también literalmente, las aulas y las escuelas, así como los profesores y los alumnos que las ocupan, son interactivos. Para hacer posibles estas interacciones hacen falta tecnologías seguras, integradas, sistemáticas, estables y pedagógicamente sólidas. Cuando la tecnología cumple estos requisitos, es cuando el dónde, el qué, el cuándo, el por qué y el cómo los estudiantes aprenden puede mejorar, en su propio beneficio y en el de sus profesores.
A medida que se afirmen estos cambios, a los alumnos a los que antes se les decía que dejaran su ordenador en la puerta se los alentará a llevarlos consigo a las aulas. Los profesores que se resistían a utilizar la tecnología la integrarán gustosamente en sus clases y sus programas para ayudar a los alumnos a desarrollar al máximo su potencial. Las aulas, concebidas hasta ahora con hileras rectas de mesas, cuatro ordenadores en la parte de atrás y una pizarra delante, deberán convertirse en áreas interactivas donde se darán la mano tecnologías, profesores capacitados para manejarlas, contenidos y procesos de probado interés científico y alumnos deseosos de aprender. En pocas palabras, las escuelas-fábrica dejarán de existir, reemplazadas por centros de actividad y excelencia. El quién, el dónde, el por qué y el cómo de la educación habrán cambiado para bien del dónde. El
Dr. Mark E. Weston, es el Director del Departamento de Estrategia Educativa Global de Dell Inc. Su trabajo se centra en mejorar la realidad educativa y pedagógica mediante el uso efectivo de las nuevas tecnologías.

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